“DESINTEGRACIÓN FAMILIAR” O “TRANSICIÓN FAMILIAR”?

PERSPECTIVAS SOBRE CAMBIO FAMILIAR EN GUANACASTE, COSTA RICA

 

 

                                                                           Sylvia Chant, Ph.D.

Professor London School of Economics

University of London, England

 

MSc. Wagner Moreno

Profesor Escuela de Psicología

Universidad de Costa Rica

 

 

RESUMEN

 

Como en otros países de América Latina y del Caribe, sin mencionar el resto del mundo, la estructura de vida familiar en Costa Rica ha cambiado en décadas recientes. El matrimonio ha decaído, el divorcio y la separación aumentan, se incrementan los nacimientos fuera del matrimonio y en un número creciente de hogares las mujeres son jefas de hogar. Tanto a nivel nacional como internacional estas tendencias han sido consideradas como indicadores de una “desintegración familiar”. Esto a su vez con frecuencia ha causado preocupación, especialmente en relación a posibles amenazas al bienestar y desarrollo de los niños. Si bien estas preocupaciones sobre la ruptura familiar han sido expuestas en los medios de comunicación, en informes oficiales y en declaraciones de instituciones religiosas, poco se conoce sobre las vivencias de las personas sobre estos cambios. ¿ Hasta qué punto las personas perciben los cambios en la organización familiar y si es así, a qué los atribuyen? ¿Se podría pensar que los cambios identificados están llevando al “colapso familiar” ?, y ¿Hasta qué punto son tales interpretaciones compartidas por diferentes grupos en términos de género, edad y situación socioeconómica?

Este artículo plantea algunas respuestas a estas inquietudes con base en entrevistas individuales y grupos focales de discusión. Se trabajó con 176 hombres y mujeres de bajo y mediano ingreso, de diferentes edades en la provincia de Guanacaste, Costa Rica. Una de las principales conclusiones es que si bien algunos estilos en la vida familiar se perciben como posibilitadoras de condiciones más flexibles y equitativas, otras se consideran como debilitadoras de la unidad familiar. Además, las preocupaciones sobre la “desintegración familiar” son particularmente comunes  en los hombres adultos, a pesar de que ellos han estado históricamente menos comprometidos en la vida familiar que las mujeres. La divergencia de puntos de vista pueden estar asociados con los procesos sociales, legales y económicos que han desestabilizado las divisiones tradicionales de trabajo, poder y derechos en los hogares costarricenses.

 

Descriptores:

Familia. Cambios. Masculinidades. Relaciones de Género.Guanacaste. Costa Rica. Siglo XX

 

 

  

INTRODUCCIÓN

 

Costa Rica ha experimentado un número significativo de cambios en la vida familiar en las últimas décadas. Tendencias notables incluyen una incidencia creciente de madres solteras y mujeres como jefas de hogar, esto asociado con los niveles decrecientes de matrimonios, el aumento de nacimientos fuera de maatrimonio, tasas  altas de divorcio,  separación y la participación de la mujer en lo que históricamente era trabajo del hombre, ganarse el sustento de la familia. Procesos similares han sido notados en muchas otras partes de América Latina, sin mencionar otras partes del mundo (entre otros: Arraigada 1998 ; Benería 1991; Castells 1997; CEPAL,2001; Chant y Craske 2003: Cap. 7; Cerrutti y Centeno  1999; Datta y McIlwaine 2000; Folbre 1991; Geldstein 1997; González de la Rocha 1995 ; Jelin 1991 ; Kaztman 1992 ; Safa 1995; UN 2000).

En varios sectores, tanto nacional como internacional, dichas tendencias se han percibido como indicadores de una “desintegración  familiar” y con frecuencia han provocado ansiedad, especialmente en relación a los efectos sobre los niños (Moore 1994). Si bien estas preocupaciones sobre la “desintegración familiar” han sido expuestas en los medios de comunicación, en informes oficiales, y en declaraciones por parte de las entidades religiosas, poco se conoce cómo estos cambios se representan en los pensamientos de la gente misma.   ¿Hasta qué punto las personas perciben  grandes cambios en la organización familiar, y si es así, a qué los atribuyen? ¿Se piensa que los cambios en el seno familiar conducen a un proceso de “desintegración familiar” ? y ¿Hasta qué punto tales interpretaciones son compartidas por diferentes grupos en términos de género, edad y situación socioeconómica? Este artículo plantea algunas respuestas a estas preguntas con base en entrevistas individuales y grupos focales de discusión con 176 hombres y mujeres de bajo y mediano ingreso de diferentes edades en la provincia de Guanacaste.[1]

   La primera sección del artículo señala los cambios principales en los patrones familiares a nivel nacional en décadas recientes y considera factores estructurales claves que han impactado la organización y dinámica familiar. Esta discusión también incluye un breve recuento de la forma en que las tendencias recientes han sido vistas por los entes públicos, tales como organizaciones gubernamentales y religiosas. En relación a la población estudiada en Guanacaste, la segunda sección analiza las percepciones sobre los cambios familiares y los factores principales a los que se atribuyen. La tercera sección explora las reacciones a los cambios entre los diferentes grupos dentro de la muestra, incluyendo los factores seleccionados por algunos como generadores de la “desintegración familiar”. La cuarta y última sección discute la relevancia del término “colapso-ruptura” como resultado de las transiciones familiares en Guanacaste, y sugiere formas en las que el sector público podría ayudar de una mejor manera a las familias a adaptarse a algunos de los problemas que se cree que se derivan de estas transiciones.

 

1. CAMBIOS EN LA VIDA FAMILIAR COSTARRICENSE A FINALES DEL SIGLO VEINTE

 

   La unidad familiar nuclear patriarcal “tradicional”, que considera al hombre como proveedor del sustento, a la mujer como ama de casa e incluye a los hijos biológicos, parece no haber sido tan duradera, ni tan numerosa en Costa Rica como sí ha sido dominante en otras partes del mundo.[2] Además, la proporción de hogares que conforman este modelo decayó de un medio a un tercio de los hogares entre los años setentas y los noventas (CMF 1996: 20). La caída es principalmente atribuida a un incremento de personas que viven solas, a un incremento en las familias extensas y a un aumento en hogares de un solo padre, en los que la mayoría tienen a mujeres como jefas de hogar (Fauné 1997: 92 ; Pereira 1998: 187). Aunque los hogares de madres solas y hogares donde la mujer es jefa de hogar no son sinónimos (Chant 1997), la proporción de hogares donde las mujeres son jefas de hogar se ha incrementado de un 16% en 1973 a un 22% en 1997 (Budowski y Guzmán 1998). De acuerdo con el Censo del 2000, este número se ha incrementado ligeramente a un 22,2% (INEC 2001: Cuadro 31).

   Como parte de la caída de la unidad familiar patriarcal, los índices matrimoniales han bajado de un 30,8% a un 23,5 % entre 1980 a 1994 (MIDEPLAN 1995: 5-6), y entre 1980 a 1996 los índices de divorcio subieron de un 9,9% a un 21,2% (PEN 1998: 210). Datos oficiales además indican que la proporción de nacimientos fuera del matrimonio en Costa Rica se incrementó de un 23% en 1960 a un 38% en 1985 y a un 51,5% en 1999 (Budowski y Rosero Bixby 2003; INAMU 2001: 8).[3] Además, la proporción de niños sin padres registrados subió  de un 21, 1% en 1990 a un 30,3% en 1999 (INAMU 2001: 9). El hecho de que uno de cada tres niños nacidos en Costa Rica tenga ahora un “padre desconocido” es muy significativo ya que tradicionalmente sólo los niños formalmente reconocidos recibían el apellido y el apoyo del padre (Budowski y Rosero Bixby 2003; ver también más adelante). Dos tercios de los nacimientos de padres no reportados  ocurren en mujeres menores de 19 años (INAMU 2001: 8), lo que probablemente ayuda a explicar por qué un 16% de madres solteras en el país son menores de 18 años (ver nota 3).

 

División del Trabajo en Hogares y Participación en la Fuerza Laboral

 

Además de los cambios legales y demográficos en la vida familiar se han dado importantes cambios dentro de la división de labores en el hogar, especialmente con respecto a la incrementada participación de la mujer en la fuerza laboral en los años en que está criando a sus hijos (CMF 1996: 20). Mientras sólo había una mujer por cada tres hombres que trabajaban en 1980 de 20 a 39 años, la brecha se cortó de una en dos en 1990 (Dierckxsens 1992: 22). Entre 1980 a 1995, la fuerza laboral compartida por parte de la mujer en Costa Rica se elevó de un 24,3% a un 30,5% (Fauné 1997: 58), y en el 2000 esta cifra había alcanzado el 32,1% (INEC 2001: Cuadro 2).  A pesar de que el promedio salarial de las mujeres es más bajo que el de los hombres y que éstas en general, tienden más a estar desempleadas, el incremento de hombres desempleados ha sido notado en edades entre los  15 a 25 años y 45 a  70 años, con periodos de desempleo aun más largos (Arias 2000: 26, Cuadro 1).

Algunas de estas transiciones han sido causadas por cambios sectoriales en la economía costarricense. La agricultura, por ejemplo, dominada predominantemente por el hombre, reclutó solamente el 20% de la fuerza laboral nacional en el 2000, comparada con un 51% en 1960. Además, el creciente énfasis en la exportación agrícola a través del tiempo, se ha asociado con un decrecimiento del empleo, desempleo estacional y migración temporal de hombres en búsqueda de trabajo. Estas tendencias han sido yuxtapuestas con el crecimiento significativo del comportamiento de la fuerza laboral en los servicios, (de 30%  a 53% entre 1960 y 2000), lo cual ha tendido a favorecer a las mujeres. Las mujeres son actualmente el 50% de las trabajadoras en este sector, el cual ocupa más del 84% de la población feminina económicamente activa en el país (INEC 2001: Cuadro 13). Un ímpetu adicional en aumentar la participación de la mujer en la fuerza laboral  ha venido de las grandes presiones en los hogares de expandir y diversificar sus fuentes de ingresos como resultado de la reestructuración económica neoliberal. Como en otras partes de América Latina, la progresiva “feminización del empleo” parece además estar unida a una “feminización de la dirección de los hogares” (Bradshaw 1995a; Bradshaw 1995b ; Chant 1997: Cap. 4 ; Safa 1995; Safa 1999).

 

Legislación, Política Social y Cambio Familiar

 

Mientras que las tendencias económicas han sido parte de las transiciones del hogar, otro grupo importante de influencias se deriva, sin duda, de la legislación sobre género y los programas sociales. Siguiendo los pasos de la década de las Naciones Unidas para las Mujeres, Costa Rica estableció su Centro para el Desarrollo de la Mujer y de la Familia (CMF) en 1986. Esta organización, que en 1998 se convirtió en el Instituto Nacional de las Mujeres (INAMU), ahora dirigida por una Ministra de las Mujeres, ha jugado un papel fundamental en las iniciativas que han fortalecido la posición y los derechos de las mujeres dentro y más allá de la familia. Esto se ve especialmente desde que se aprobó la Ley de Igualdad Social de la Mujer (Ley # 7142 aprobada en 1990), la cual tuvo como meta no sólo promover, sino garantizar, la igualdad de las mujeres con los hombres.

Además de introducir cláusulas de registro mancomunado obligatorio de las propiedades en el matrimonio (o en uniones no formalizadas, los registros de propiedad a nombre de la mujer), establecer la prohibición de despidos de trabajo por causas de embarazo, y mejorar los derechos para las víctimas de violencia quienes pueden desalojar a los abusadores de sus viviendas (Badilla y Blanco 1996 ; IJSA 1990), la Ley de Igualdad Social preparó el terreno a muchas nuevas iniciativas legislativas con importantes implicaciones para los derechos personales de las mujeres y la viabilidad material y social de hogares “alternativos”. Desarrollos prominentes en este respecto han incluido la Ley contra la Violencia Doméstica (Ley #7586 [1996]), la Ley General de Protección a la Madre Adolescente (Ley # 7739 aprobada en 1998), la Ley de Atención a las Mujeres en Condiciones de Pobreza (Ley # 7769 aprobada en 1998), la Ley de Paternidad Responsable (Ley # 8101 aprobada en 2001), reformas a los artículos 84, 85 y 89 del Código Familiar, reconociendo a los hijos nacidos fuera del matrimonio (Ley # 7538 aprobada en 1995), la inclusión de los artículos 242-246 al Código Familiar, reconociendo la validez legal de uniones por mutuo acuerdo y la reforma al artículo 5 del Código de Familia elimina la discriminación de mujeres y menores (CMF 1996: 22 ; Colaboración Area Legal 1997; IMAS 1998; INAMU 2001).

   Mucha de esta legislación ha sido acompañada por nuevos programas y políticas significativas de género, particularmente durante el gobierno liberacionista del presidente José María Figueres (1994-1998). No sólo esta administración fue responsable del establecimiento de un Plan Nacional para la Igualdad de Oportunidades entre Mujeres y Hombres (PIOMH),  y un Plan Nacional para la Atención y Prevención de la Violencia Intrafamiliar (PLANOVI), sino que también fue la primera en dedicar un programa a mujeres jefas de hogar en condiciones de pobreza, puesto en marcha en 1997. Esta última intervención fue motivada en parte por el aumento de pobreza entre mujeres jefas de hogar desde mediados de los años ochenta.[4]

   El principal elemento del programa para las mujeres jefas de hogar fue remunerar a las beneficiarias, hasta seis meses,  durante los cuales ellas recibirían cursos de capacitación, en desarrollo personal, autoestima, habilidades y actividades generadoras de ingresos y empleo (Marenco et. al. 1998). En la administración de la Unidad Social Cristiana  con el presidente Miguel Angel Rodríguez, esta iniciativa  fue continuada en una versión adaptada, “Creciendo Juntas”, la cual formaba parte del Plan Nacional de Solidaridad. Aunque “Creciendo Juntas” se amplió a todas las mujeres en pobreza, cerca de la mitad de las 15000 beneficiarias alcanzadas entre 1999 y 2001 eran jefas de hogar.[5] Este esquema fue acompañado además por dos programas complementarios de ayuda a los jóvenes.

El primero de estos, “Amor Joven”, iniciado en 1999, se  enfocaba en el conocimiento de la sexualidad y la prevención de embarazos en adolescentes ; el segundo, “Construyendo Oportunidades”, buscaba integrar (o reintegrar) a las madres adolescentes a la educación, y propiciar el desarrollo de habilidades personales y vocacionales para mejorar sus propias vidas y las de sus hijos (Chant 1999a; Chant 2000 ; IMAS 2001; Lorena Claire, Primera Dama de la República 2001). Junto con estas iniciativas para las mujeres y madres solas, el Plan de Solidaridad Nacional incluyó un programa preparado para fortalecer la cohesión familiar -Programa de Fortalecimiento Familiar-, el cual asignaba ingresos básicos complementarios a familias en pobreza extrema; y otro -Programa Infancia y Juventud-, el cual proveía asistencia para niños y jóvenes de familias de bajo ingreso, principalmente en forma de cuidado, actividades después de clases y desarrollo juvenil (IMAS 1999b; IMAS 1999c).

 

Preocupación pública acerca de la “Desintegración familiar” 

 

Los gobiernos recientes han estado preocupados en proteger y en promover los derechos de los grupos vulnerables y, gracias a los esfuerzos en gran medida del CMF/INAMU,  se han mostrado anuentes a trabajar con definiciones más flexibles de familia (Chant 1999a; Chant 2002b). Sin embargo, no podemos hablar de una tolerancia abierta de la diversidad familiar.  Por ejemplo, todavía puede encontrarse en muchas publicaciones oficiales (y académicas) el uso del término  “familia completa” para referir a las unidades compuestas de dos padres y sus hijos,  mientras que un padre solo (o mejor dicho una madre sola), y sus hijos se les consigna en la categoría de “familia incompleta” (Sagot 1999: 101). Además, aunque la CEPAL manifiesta que en América Latina el término “desintegración familiar” es raramente definido explícitamente y es usado para describir distintos factores (CEPAL 2001: V16), tales como aumento en la tasa de divorcio, nuevas funciones familiares y falta de comunicación intrafamiliar, una de las principales expresiones en Costa Rica relaciona a la irresponsabilidad de uno o ambos padres, normalmente los hombres, bajo el término de “paternidad irresponsable” (ver también abajo). Esto tiende a reforzar la idea de que la “familia” es sinónimo de la “intacta” unidad familiar patriarcal,  criterio del cual otras configuraciones se desvían.

   Algunas veces se asocia el declive de la familia con otras “patologías sociales”. Como dice Loáiciga Guillén, por ejemplo: “…la desorganización y desintegración familiar son causa de la pérdida de valores morales, las presiones económicas y los problemas sociales como la  prostitución, el alcoholismo, la drogadicción y la violencia…” (Loáciga 1994: 10). Estos últimos son de gran relevancia para la población costarricense con casi un cuarto de su población que considera la delincuencia (incluye violencia) y/o el abuso de las drogas, como los problemas más grande de la Costa Rica actual.[6] El hecho de que varios tipos de violencia parecen haber aumentado en años recientes podrían ser en gran parte el resultado del aumento de denuncias por violencia intrafamiliar. El caso es que también los asaltos y los asesinatos están en aumento, posiblemente debido a la creciente tenencia de armas en el país (PEN 1998: 44).

Según el Movimiento Familiar Cristiano,[7] la erosión de los valores sociales dentro del país también se debe al aumento de la libertad sexual (Schifter y Madrigal 1996: 62).[8] La caída del matrimonio, el aumento de la ilegitimidad, la prostitución y el aumento visible de la homosexualidad, son enfocados como preocupaciones principales y han provocado numerosas llamadas de atención por parte de la Iglesia a los adultos, para que den un buen ejemplo a los jóvenes para esquivar la maldad del libertinaje y el consumismo moderno, conservando las “tradiciones familiares”. Mensajes similares son promulgados entre las comunidades protestantes en Costa Rica.[9]

   A pesar de que en estos discursos hay una visión implícita sobre el hogar ideal,  también es cierto que muchas discusiones públicas de la “desintegración familiar”, al menos por parte de los cuerpos seculares, enfatizan la importancia de las relaciones intra-familiares, particularmente entre padres e hijos y relacionan los problemas en este campo, no tanto con factores internos de la familia (tales como ruptura en su afiliación o conducta social desviada) sino que con procesos estructurales más amplios. Por ejemplo, algunos artículos académicos y de prensa en años recientes han revelado la preocupación acerca del declive del involucramiento de los padres en el cuidado y socialización de sus hijos. Esto se atribuye no sólo al aumento de las presiones económicas y el crecimiento de la carga laboral de los padres, sino que a la expansión de la nueva tecnología y la exposición a los medios masivos. Un estudio acerca de depresión adolescente en 1999 por un consorcio de agencias nacionales e internacionales, por ejemplo, concluyó que una de las razones principales en el aumento de la depresión en los jóvenes se debía a que los padres han abandonado su papel debido al exceso de trabajo y a que la televisión y la computadora han tomado el papel de los padres.[10]

Esto es apoyado por otra investigación reciente que ha aseverado que la jerarquía y hegemonía de la familia está siendo desplazada por comunicaciones modernas, especialmente la televisión, la cual, a su vez, conduce a un debilitamiento de los sistemas de apoyo social tradicional para niños y adolescentes (Tiffer 1998: 116 ; Moreno, 1997). En realidad Costa Rica posee una de las tasas más altas de acceso a la televisión y a las computadoras en América Latina, con 387 televisores por cada 1000 personas en 1998 y 39.1 computadoras (los promedios regionales para América Latina y el Caribe en el mismo año fueron 225 y 33.9 respectivamente) (World Bank 2000: 310-11, Cuadro 19). El número de huéspedes de internet por cada mil personas en al año 2000 fue de 4.1, lo que pone a Costa Rica en el sexto lugar de la región después de Uruguay (19.6), México (9.1), Argentina (8.7), Brasil (7.2) y Chile (6.2) (UNDP 2001: 48-50, Cuadro  A2.1).

   En síntesis se puede identificar una variedad de tendencias, incluso contradictorias, en los enfoques de entidades públicas sobre el cambio familiar. Aunque, por un lado, el declive de los hogares patriarcales “tradicionales” podría deberse en parte a los esfuerzos del Estado en asegurar derechos humanos básicos y asistencia a los grupos vulnerables, el núcleo familiar liderado por el hombre todavía parece ser algo del ideal normativo del público y en especial de los círculos religiosos. Permanece además la preocupación por los efectos potenciales de su desaparición sobre la cohesión y estabilidad social. Sin embargo, se reconoce también que la calidad de vida familiar y las relaciones intrafamiliares no son gobernadas sólo por la configuración de los hogares, sino que por factores estructurales más amplios sobre los cuales los individuos tienen poco control. Esto ha llevado a una situación en la cual los discursos públicos acerca de patrones de vida familiar en Costa Rica son tal vez con más fuerza marcados por nociones de una “crisis por” y no de una “crisis en” la familia (Chant 2002b). En otras palabras, si la familia está “colapsando” es no sólo por las “nuevas” formas en las cuales se organizan la  vida, sino porque las estructuras sociales y los valores han sido socavados por el desarrollo y la globalización. ¿ Hasta qué punto  se reflejan estas interpretaciones en las ideas que poseen las personas a nivel regional?

 

2. ENFOQUE REGIONAL SOBRE EL CAMBIO FAMILIAR EN GUANACASTE

 

Como se afirmó anteriormente, en este artículo  se examinan visiones populares del cambio familiar basadas en una encuesta realizada en 1999 a 176 hombres y mujeres de bajo y mediano ingreso divididos en tres categorías de edad (ver Cuadro 1 y Nota 1). La encuesta consistió principalmente en grupos focales de discusión, organizados como “talleres”, en los cuales los participantes fueron invitados a reflexionar sobre género y familia en Guanacaste a finales del siglo veinte, y cómo las condiciones familiares han cambiado (o no) según sus propias vivencias (Chant 1999b).

 

El Contexto de la Encuesta

 

Las entrevistas se realizaron en Guanacaste, provincia en la que se acentúan los altos niveles de pobreza, desempleo, y empleos temporales. En 1998, por ejemplo, el desempleo en Guanacaste era de 7,2% y el empleo ocasional 19,8% , comparado con niveles nacionales de 5,6% y 13,1% respectivamente (MEIC 1998 ; Aguilar et.al. 1988). Esto se debe principalmente al hecho de que en los años noventa, cuando el turismo internacional aumentó sin precedente en la costa del Pacífico Norte de Costa Rica, la provincia dependía en un reducido número de actividades agrícolas (principalmente ganado, arroz y producción de azúcar), con una demanda de trabajo limitada o sólo temporal. Además de lo anterior, los salarios son considerablemente más bajos en Guanacaste que en otras partes del país, por ejemplo, el salario promedio  de los hombres era un 13% más bajo en Guanacaste que en San José (Arias 2000:21), lo que ha  aumentado el nivel de la migración permanente,[11] a la vez se dan migraciones a corto plazo, especialmente en hombres con bajos ingresos (ver abajo).  Además, la disminución del papel de la agricultura en la economía de la provincia en años recientes ha creado una situación donde, en contraste con el resto del país, las tasas de desempleo y subempleo en los hombres han excedido al de las mujeres. En el 2000 por ejemplo, los niveles de desempleo entre hombres y mujeres en la región Chorotega (que comprende Guanacaste principalmente), eran de 5,9% y 5,4% respectivamente, y en la categoría de subempleo, en los hombres fue de 18,2% en  comparación con un 16,5% de las mujeres (INEC 2001: Cuadro 9).

El desempleo del hombre y su migración periódica han sido a su vez asociadas con la considerable inestabilidad de la composición de los hogares y sus  medios de vida (Chant 1992; Chant 2000 ; Moreno, 1997: 9). Tendencias  de los hombres a abandonar a sus esposas e hijos, involucrarse en el alcoholismo y en múltiples relaciones sexuales, se atribuyen en gran parte  a las dificultades físicas y económicas de la migración, combinados con la tensión causada por los frecuentes y prolongados periodos de separación. El matrimonio formal ha sido tradicionalmente menos común en Guanacaste que en otras partes de Costa Rica, con sólo 30,9% de mujeres de bajos ingresos legalmente casadas en los años ochenta, comparado con un 73,3% a nivel nacional (Chant 1997: 170). En Costa Rica en 1996, el 52,8% de los nacimientos se dio en mujeres casadas, pero en Guanacaste sólo el 34,7% (DGEC 1997:25). De acuerdo con el Censo del 2000 la proporción de mujeres jefas de hogar en la Región Chorotega fue de 23,4% el promedio nacional fue de un 22,2% (INEC 2001: Cuadro 31).

 

Percepciones de  los participantes con respecto al cambio familiar y sus causas

 

La “informalidad” prevaleciente en las uniones conyugales en Guanacaste es una posible causa que, a pesar de la progresiva erosión del modelo de hogar “tradicional” patriarcal a nivel nacional, esto no provocó interés o comentario excesivo en los grupos de discusión. En su lugar, las discusiones de los cambios familiares en los grupos fueron dominados por otros dos temas : primero, el declive de “valores familiares” tales como “respeto”, “moralidad”, “integridad”, “responsabilidad” y “decencia”; y segundo, las grandes dificultades de comunicación intergeneracional y el control de los padres y las madres sobre los hijos. Mientras que las personas con frecuencia hallaban difícil establecer las razones precisas que dieron impulso a  estos cambios, cuatro grupos de procesos emergieron como significativos.

 

a. Desarrollo del turismo internacional en Guanacaste

 

La gente mayor y especialmente entre aquellos que basaban sus recuerdos antes de los ochentas, cuando la forma de vida del guanacasteco dependía más de la agricultura, una razón común dada al deterioro de valores en la familia fue porque en Guanacaste se pasó de una estructura productiva agrícola a una estructura productiva moderna, basada en la “ciencia”, el capital externo y el turismo internacional. El consumismo y la influencia de visitantes foráneos, residentes y empresarios, son ampliamente considerados de pocos valores y de hábitos antisociales, su forma de vestir y prácticas sexuales, la ingesta de licor y drogas, fueron escogidas como debilitadoras potenciales de los patrones de la conducta “tradicional”. Esto vino como resultado no sólo de la interacción social (especialmente entre los jóvenes), sino  también por los efectos de “demostración” nefasta por parte de los foráneos. Como expresa doña Imelda, una profesora jubilada  de 52 años:

 

“…Lo que yo pienso es que nos gusta imitar, y en la zona de Villarreal, que es la que yo conozco bastante, que está más afectada. Ellos andan a como comenzó a venir, sin que ofenda la palabra “gringos”, pero desde que comenzó a venir, la gente se ha influenciado, que comenzó a andar en shorts, o casi desnudos, presentarse en una oficina donde se debe tener cierto respeto a la institución, se meten en sandalias. En el tiempo de “los hipis”, andan con pelo largo. Todo el mundo dice que todo el mundo anda con pelo largo y es la única excusa que hacen, pero eso de que no nos han llevado en realidad a resolver los problemas económicos, no que nos haya servido. Que sí tienen trabajo por el momento, pero esto se está perdiendo un montón de valores que nuestra gente sencilla y humilde, que es la que llega ahí a trabajar, está adquiriendo por el hecho de vivir ahí. Ese contacto que tienen, es completamente otro mundo, y si hablamos de Flamingo todavía peor, porque escucho que hay lugares donde se bañan desnudos y todas esas cosas. Para nuestra gente, que tenía un poquito de principios --- nuestra gente se asombra. Hemos estado unas veces en la playa y se ve una pareja ahí, una sola maleta de arena, y nuestros pequeños ! Y uno hace aspavientos porque uno no está acostumbrado a ver esas cosas. Si hablamos de lo moderno, pues así tendrá que ser, pero quién sabe que otras cosas peores tendremos que ver?…”

 

 

Algunos jóvenes participantes atribuyeron la pérdida de los valores y el deterioro de la comunicación intrafamiliar, no sólo a la modernización económica, sino al hecho de que los padres dan mal ejemplo a sus hijos, como comenta Luis Emilio, un estudiante de 16 años quien formó parte de un grupo mixto de adolescentes de bajo ingreso de Bernabela:

 

“…Yo creo que eso se debe a que los tiempos cambian, y la sociedad se va corrompiendo cada día más...así entonces los valores como la comunicación entre los padres se van perdiendo. También se puede mencionar la infidelidad entre los padres, y eso provoca la desunión entre la pareja y en algunos casos provoca que el hijo tome el mundo de las drogas y algo así...”

 

 

b. Tecnología y medios de comunicación

 

Reflejando las preocupaciones públicas planteadas anteriormente, otro grupo de factores identificados como trascendentes no sólo en la erosión de valores familiares, sino que en el deterioro de comunicación intergeneracional, fue la influencia incrementada de la televisión y otras formas de medios de comunicación tales como la internet. Estas fueron consideradas por los encuestados como exposición de niños y jóvenes a influencias indeseables, tales como violencia, individualismo, materialismo, consumismo, libertinaje sexual y  “cultura global”.[12] Las telenovelas, por ejemplo, fueron consideradas responsables de mantener malos ejemplos de “conducta libertina” y “lenguaje ofensivo”. El aumento en el acceso a la tecnología y los medios también ha significado que los niños tengan más formas de estímulos de los que poseían en el pasado, ya que sus actividades eran de tipo reducidas.[13] Estos procesos fueron señalados no sólo por grupos de personas adultas, sino que también por gente joven, como menciona Andrey, un estudiante de 16 años del grupo de Bernabela:

 

“…Bueno yo creo que las familias se han ido rompiendo, o sea, se han desintegrado. O sea, la gente de antes era más culta. Pero con los cambios de la tecnología, la televisión, la prostitución, la pornografía ... todo eso fue influyendo para que muchos hombres y mujeres...  ya o sea, quisieran experimentar en otros rumbos. Y se van perdiendo las familias ... Hay mucha gente que dice para qué voy a estar en mi casa si puedo estar... no sé.. viendo una película o algo así ? O sea otras alternativas que puede tomar el joven no precisamente de familia, porque ven la familia como aburrido...”

 

 

Sentimientos similares fueron expresados por adultos jóvenes estudiantes de la Sede de Guanacaste de la Universidad de Costa Rica. Por ejemplo, una estudiante de 21 años, Graciela,  afirmó que en 10 años muy pocas veces se ha sentado en la mesa a merendar con sus familiares. En su hogar, todos los miembros de su familia tenían ya fuese un televisor o una computadora en su propio cuarto y con frecuencia se retiraban ahí a comer solos. Otra estudiante, de 23 años, Angie, describió la tecnología como “arma de doble filo”: puede ser buena para el progreso económico, pero también tiende a alienar a las personas y a impedir la necesidad del contacto humano.

El abismo entre padres e hijos causado por las nuevas tecnologías parece ser más grande entre los grupos de bajos ingresos donde muchos padres no han recibido más que la educación primaria. Esos padres se sienten amenazados por la mejor educación y las capacidades tecnológicas de sus hijos. Ellos no sólo se sienten imposibilitados de enseñar a sus hijos en la forma en que sus padres lo hicieron con ellos, sino que también se sienten incapaces de ejercer autoridad. Esto junto con una tendencia más general, notada particularmente por los mayores entrevistados, como es el caso de don Bertirio de 66 años, un agricultor casual de Liberia, quien dice que los jóvenes de hoy en día “quieren mandar a sus padres”. Tentativamente se puede sugerir que la “división digital” intergeneracional ha contribuido a una situación donde en vez de ser los niños los que temen a sus padres, son los padres los que temen a sus hijos (Chant 2002b; Chant 2002c ; Moser y McIlwaine 2000a; Moser y McIlwaine 2000b).

 

c. Falta de tiempo y nuevos patrones laborales

 

Un tercer factor designado como responsable de los problemas de comunicación entre padres e hijos es la falta de tiempo. Esto no sólo se ha dado como resultado de una orientación hacia las actividades extra-domésticas, sino que al paso acelerado de la vida, la presión económica y la necesidad de ambos padres de generar ingresos. Según don Efraín, un agricultor de 59 años quien participó en uno de los grupos focales de Santa Cruz, comentó que el desarrollo en la provincia había traído una “presión bárbara” en las vidas de las personas, que les había robado el tiempo que una vez ellos dedicaban a sus familias. Además, el hecho de que las familias ya no coman juntas se atribuye, según las personas mayores,  al hecho de que las madres ya no están presentes en el hogar. Como dijo Sonia, un docente de 46 años :

 

“ ...Claro que sí ha variado ! En el sentido de que ya cuesta un poco más esa unión de familia. Cuesta un poco más el sentarse a comer juntos, por diferencia de horas, porque ahora la mujer trabaja también, al igual que el hombre ... Normalmente, en mi época, mi mamá siempre estaba metida en la casa. Era ama de casa. Había una persona fija, que llevaba como ese rol ... de hogar, casi constante…”

 

Lo anterior también fue planteado por doña María, quien rentaba  cuartos, de 51 años :

 

“…Hoy en día, exigen que la mujer tiene que trabajar, entonces el TV se convierte en la niñera de los hijos…”

 

Las mujeres tendían a enfatizar que a pesar de que ellas hacían un esfuerzo para organizar las comidas familiares, era muy difícil convencer a sus hijos de que comieran en casa, debido a que habían cambiado sus gustos por la comida, habían incorporado el deseo de comer “comida chatarra”, tales como hamburguesas y patatas fritas. En el mismo sentido, las mujeres se sentían culpables al pensar que podrían estar descuidando a sus hijos (Dobles 1998). Las mujeres de bajo ingreso, particularmente,  se consolaban diciendo que ellas sólo trabajaban medio tiempo, y que ellas dejaban sus hijos con familiares. Los niños de la clase media, por el contrario, pasaban la mayoría de su tiempo con empleadas domésticas o con niñeras. Aunque las personas mejor acomodadas siempre han contado con ayuda para el cuidado de sus hijos,  desde el punto de vista de los participantes de bajo ingreso, las vidas de los padres de clase media habían llegado a ser tan dominados por lo económico que, en vez de pasar tiempo con sus hijos, les dan dinero y cosas materiales. De este modo, los padres pueden mitigar su culpa, enfatizando en sus hijos el consumismo, al igual que contribuían a crear una generación de jóvenes indisciplinados. Como lo observó don Carlos Luis, un agricultor de 62 años:

 

“…Hay varios ejemplos que tenemos en los hijos de los educadores o las parejas que trabajan como profesionales, son los hijos más desordenados. ¿ Por qué? Porque en la unión de familia no están nunca los padres para saber qué están haciendo. Se les puede dar lo económico y todo  pero no es lo suficiente…”

 

Por otro lado, los padres de familia de la clase media trataban de justificar el tener que trabajar bastante para poder cumplir con las obligaciones de las llamdas “necesidades” (en vez de solicitudes) financieras de sus hijos, ya fuese para educación, equipo de cómputo, ropa y otras cosas, ellos además reconocían que el exceso de trabajo obstaculizaba la cantidad de tiempo que ellos tenían disponible para sus hijos y eso les preocupaba.

 

d. Intervención del Estado en las relaciones familiares

 

Un cuarto y último factor altamente identificado que ha ayudado a disminuir el control de los padres sobre los hijos es el incremento de la influencia del Estado en la protección del niño, tales como la abolición del castigo corporal y la extensión de sus derechos. El papel que han jugado las organizaciones tales como el Patronato Nacional de la Infancia (PANI) en reforzar prohibiciones en el uso de la disciplina física en la casa y en la escuela recibió particular atención. Para muchos padres, especialmente los papás, la pérdida del derecho a usar el castigo físico se percibe como debilitador de su autoridad, lo cual ha llevado a la pérdida de valores y a nuevos fenómenos de disturbio social. Como dice don Benito, un agricultor casual de 56 años :

 

“... se ha venido desarrollando la prostitución porque el padre de familia no tiene la autoridad que debería tener como antes. ¿Por qué digo yo esto ? Porque si un padre de familia castiga a un hijo y el vecino o cualquier otra persona lo ve, lo denuncia inmediatamente, y va preso…”

 

Sentimientos similares fueron encontrados en un estudio nacional sobre formas de vida y opinión pública de casi 1300 hogares urbanos, llevado a cabo en 1996 por un equipo de psicólogos y el Centro Mujer y Familia. Un total de 46% de la muestra declaró que el Estado no debería intervenir en los problemas familiares y otro 42,6% expresó que era el rol de los hombres el ejercer la autoridad dentro de la familia (Dobles 1998: 36). Para algunos hombres encuestados de Guanacaste, los intentos del Estado por proveer protección a la mujer dentro del hogar eran vistas como medidas extremas (ver también abajo).

 

3. REACCIONES REGIONALES AL CAMBIO FAMILIAR EN GUANACASTE

 

Queda claro que mucha gente en Guanacaste está preocupada por algunos de los cambios que perciben en la vida familiar de sus propias comunidades y  en el país en general.  Aunque se puede plantear que hay una tendencia de idealizar el pasado y/o quejar de una ‘brecha inter-generacional’ en cualquier momento histórico, esto no disminuye las preocupaciones de los participantes acerca de la pérdida de control sobre los hijos, la falta de tiempo para la comunicación entre padres e hijos y el deterioro de los valores. Mientras que los cambios en estos aspectos de vida familiar eran vistos generalmente de forma negativa, enfoques sobre otros aspectos del cambio, por el contrario, se encuentran divididos, particularmente en lo que se refiere a género. Entre los grupos de mayor edad en particular,  los cambios en la división del trabajo por género y el incremento de poder de la mujer dentro de la familia fueron temas generadores de opiniones divergentes. En la mayoría de los casos, los puntos de vista divergentes correspondían a la diferencia de género de los informantes.

 

Cambios en los patrones de género desde el punto de vista de varones adultos

 

Muchos hombres en nuestra encuesta, en especial los de edad mediana y mayores, expresaron su inconformidad con los cambios en los patrones de género, e identifican un gran aumento de conflictos en las relaciones de pareja (ya fuesen casados o no) como causantes del deterioro de la unión familiar. Una de las razones dadas por los hombres encuestados con respecto a esto es que la nueva legislación y los programas sociales han incrementado los derechos de las mujeres en sus casas y en la sociedad en general. Muchos piensan que esa intervención ha ido “demasiado lejos” y que las mujeres están “abusando” de sus nuevos privilegios.[14] Como lo expresa Edgar, un orientador educativo de 46 años:

 

            “...el problema con la liberación femenina es que la mujer no se ha podido liberar y mal interpreta su papel de liberación. Piensa que la liberación es parársele al hombre y pegarle o qué sé yo…”

 

Otro hombre de edad mediana en este mismo grupo mixto declaró:

 

          “…La igualdad de las leyes, la igualdad del hombre y la mujer han venido a tener un montón de problemas en la familia. ¿Por qué ? Porque cuando hay muchas parejas ahí en pleito, hasta que la mujer mata a su marido. Antes, quien veía que una mujer le pegaba a su marido ? Quién oía decir que un esposo mataba a su señora ? Antes no sucedía eso... Le pegaba el esposo a la señora. Sí, le pegaba, pero no, no... no digamos...   a un extremo de que hubiera tanta agresión... Dios guarde ! Si un esposo toca a una señora hasta a la cárcel puede ir a dar !…”

 

Otro de los factores responsables mencionados por los hombres en la disminución de la sumisión de la mujer es el aumento de la participación femenina en la fuerza laboral. Las oportunidades de empleo para las mujeres han aumentado así como los servicios se han hecho más importantes en la economía de la región. A pesar de que la fuerza laboral de la mujer en la Región Chorotega es de un 27,7%, que es  menos que el promedio nacional (ver arriba), el 63% de las mujeres que trabajan tienen un empleo regular de tiempo completo comparado con solo un 53,3% de los hombres. Esto representa una gran diferencia ya que al nivel nacional  las cifras son de 70,9%  y 66,1% respectivamente (INEC 2001: Cuadro 9).  El hecho de que existe mayor desempleo abierto en la región para el hombre (ver arriba) es también significativo, especialmente tomando en cuenta que en 1994 la situación era contraria con 8,5% de mujeres desempleadas a un 7,2% de hombres (Chant 2000: 210). Además la brecha de salario promedio entre hombres y mujeres es ahora insignificante. Las mujeres de la Región Chorotega ganan 97,6% del promedio del hombre comparado con un 82,5% nacional (INEC, 2001: Cuadro 16). Para muchos hombres esas tendencias del mercado laboral han erosionado su propio sentido de valor, han dado a la mujer demasiado poder, y han desestabilizado el orden “normal” de la vida familiar (Salas 1998: 66).[15] Como menciona Solón de 47  años:

 

“…Uno no sabe ni siquiera quién es el que manda... Bueno , pero, sí, sí, sí, el jefe de la familia, el eje de la familia es el varón, ese es el jefe, pero lo que pasa es que hay varones que no juegan ese rol, que el jefe de la familia es la mujer, verdad ?…”

 

Sentimientos similares fueron expresados por Rafael, de 45 años:

 

“…Cuando el padre deja el rol de proveedor, o no puede satisfacer las necesidades de sus hijos le cuesta que lo respeten los hijos como figura de autoridad…”

 

Hubo otros dos factores asociados a la creciente autonomía económica de la mujer que, según la punta de vista de los hombres,  son responsables del “colapso familiar”. El primero de estos es el hecho de que más mujeres están teniendo hijos por su propia cuenta. Como lo menciona Alberto,  estadista, de 33 años:

 

“…Yo creo que la familia como la concebimos ahora, va a desaparecer, porque ahora cerca de la mitad de los niños que nacen son de madres solteras. Entonces como concibo la familia del futuro va  a ser el matriarcado – las madres, los hijos y el hombre no sé haciendo qué. En Costa Rica la cantidad de madres solteras esta aumentando no disminuyendo. Ahora tengo varias primas que son madres solteras y muchos chiquillos que conozco... Y si seguimos así, la familia va a desaparecer…”

 

   Una segunda consecuencia de la creciente autonomía económica era el hecho de que más mujeres hoy en día terminan su relación de pareja, especialmente cuando el hombre no puede encontrar empleo. Como lo expone don José, agricultor de 60 años de Santa Cruz :

 

“…Estoy de acuerdo en una parte, pero hay una división, tal como ahora, si la mujer no halla trabajo, entonces se va de ama de casa. En cambio, si el hombre no encuentra trabajo, tendría que irse de la casa porque no esta aportando nada... y ese es el problema porque hay mujeres que quieren sentirse bien, casarse bien, disfrutar su vida, y el hombre se quedó ahí !…”

 

La percepción de que los hombres pierdan terreno en el mercado laboral mientras que el espacio colonizado por las mujeres aumenta, constituye una particular amenaza para los hombres adultos de bajo ingreso. Esto lo corrobora un estudio realizado por uno de nosotros (Chant) con 80 hombres de bajo ingreso en Guanacaste en 1997 (Nota 1; Chant 2000). Muchos de los participantes de la encuesta de Chant hablaron de sentirse menos necesitados y menos apreciados por sus esposas e hijos, además de poseer menos autoridad en la casa. Martín un fabricante de ladrillos de 30 años había dicho por ejemplo : “…la mujer que tiene su propia plata, pierde el cariño para su esposo. Muchos matrimonios han fracasado por eso…” A la vez, Luis, salonero de 33 años, enfatizó que cuando un hombre no puede proveer para su esposa  e hijos su imagen personal y su imagen ante los ojos de otros “ya no vale nada” (Chant 2000: 211).

Aunque muchos hombre atribuyeron la desintegración familiar a los cambios de la situación y al comportamiento de la mujer, y ven esto como negativo, en vista de los vínculos históricamente débiles entre los hombres y sus esposas e hijos en Guanacaste, se puede inferir que el colapso familiar por sí mismo no fue el problema principal. En lugar de esto, un factor de mayor relevancia que preocupa a los hombres es el hecho que probablemente las decisiones dentro y las decisiones acerca de la familia se perciben como fuera de su alcance como resultado de un incremento en el empleo de las mujeres, derechos y protección legal (Chant 2000; Chant 2002c). En conclusión, el punto principal en peligro es lo que el hombre percibe como pérdida de poder en la unidad doméstica, no la ruptura de las unidades domésticas  por sí mismas (Chant 2002c; Dobles 1998 ; McCallum 1999; Safa 1999).[16] Esta interpretación de la situación parece ser corroborada por los puntos de vista de las mujeres en la encuesta.      

 

Cambios en los patrones de género enfocados desde el punto de vista de las mujeres adultas

 

Mientras que las mujeres reflexionaron sobre el incremento de sus derechos civiles y económicos con orgullo y entusiasmo, a la vez están conscientes de lo difícil que es para el hombre ajustarse a ese nuevo escenario. Como lo afirmó Marta, una trabajadora social  de 34 años el 27 de abril:

 

“…Las leyes que protegen a la mujer hoy en día... se le ha permitido a la mujer quererse superar y salir de ese círculo en que ella ha estado. Entonces, al hombre no le gusta que ellas se superen. Ha habido un gran choque, digamos del hombre y la mujer como una lucha de poder, pienso yo, o sea, “yo mando aquí” y ya la mujer al quererse superar entonces él piensa que va a estar por debajo. Es como una lucha de poder dentro de la familia verdad ? Que eso ha perdido los valores que la familia antes tenía. Yo pienso, no es que las mujeres estemos peor ahora que antes sino que la mujer ya tiene otra visión diferente. Se ha valorado más. Ella ha medido realmente la capacidad que ella tiene hoy en día de llegar a ser hasta Presidente. Ustedes ven que a las mujeres antes no se les daba oportunidad de llegar a  un puesto político, a ser diputada. Hoy en día a la mujer se le ha reconocido esa capacidad que ella tiene. Entonces, yo pienso que por ahí se ha dado ese cambio...”

 

   Lo anterior también es secundado por Ana Isabel, una profesora de primaria del mismo grupo de 43 años:

 

“…Las mujeres de antes eran sometidas por el hombre. Era lo que el hombre decía y se acabó, porque yo me acuerdo este, mi abuelita nos decía este a mi mamá : “Mirá ... la mujer está en la casa, por qué tiene que andar bailando, por qué tiene que andar aquí, por qué tiene que andar allá ?... Suerteramente, o desgraciadamente, llegó la liberación de las mujeres y entonces cogimos alas, cogimos fuerzas, y ahora usted ve muy poco que la mujer se deje pegar del hombre...”

 

Para muchas mujeres, además, el trabajo se percibe como una necesidad, como lo evidencia Ana Isabel:

           

“…Vea, ahora las mujeres nos hemos dado el rol de que... pucha ! Si nosotras las mujeres nos quedamos ahí en la casa vamos a seguir siendo cucarachas, y yo creo... bueno al menos yo personal, yo digo yo no nací para ser cucaracha. Yo nací para volar. Porque vea, mi marido, dos años tenía yo de trabajar, cuando él me dice no, “Dejá de trabajar porque tenés que estar en la casa”. “Yo le digo: un momento papacito, yo estuve cinco años en el colegio quemándome las pestañas para yo irme a quemarme los ojos a la cocina. Estás muy equivocado”. “Y vean que si yo le hubiera hecho caso me estuviera llevando San Quintín[17] ahorita, por que él se fue con otra, y yo me hice cargo de mis hijos sola. Y si yo no hubiera tenido mi trabajo, hubiera tenido que irme para Los Laureles[18] a la prostitución. Eso es lo que le toca a las mujeres: irse a la prostitución para sacar adelante a sus hijos...”

 

Las mujeres, contrario a los hombres, no perciben su gama creciente de posibilidades civiles, personales y profesionales como causa de la ruptura familiar. Reconocen que hay problemas prácticos relacionados con el hecho de que muchas mujeres trabajen fuera del hogar. Sin embargo no se puede fundamentar este hecho como debilitadora de la familia ya que se trabaja para proveer un hogar decente a sus hijos y salir adelante (García y de Oliveira 1997). En realidad, las mujeres perciben como fortalezas el hecho de tener mejores oportunidades y el tener derechos a bienes en caso de separación. El hecho de que muchas mujeres en la región no hayan  considerados a los hombre como figuras estables en sus vidas es muy significativo. Las mujeres han tenido que cuidar con frecuencia de sus hijos sin la ayuda sustancial del hombre. El tener la posibilidad de terminar la relación con un hombre que no aporta a la vida familiar no se ve como algo negativo, sino como algo positivo. Si bien los hombres se quejan de que las mujeres hoy en día tienden a abandonar al marido si éste no puede traer dinero al hogar, es extraño que ellas lo hagan, sólo si se ven forzadas por motivos de constante abuso, infidelidad, o si el marido deja de buscar trabajo (Chant 1997).

   Desde el punto de vista de las mujeres, los cambios en sus propias vidas no han significado la “desintegración familiar”. La continuidad de la vida familiar desde el punto de vista de las mujeres ha sido también marcado por la interacción con la familia extendida. A pesar de las observaciones de la gente en general de que se tiene menos tiempo para invertir en los lazos familiares, éstos parecen ser fuertes y valorados como en el pasado. En particular, la cooperación de los familiares en el cuidado de los niños ha facilitado la participación de las madres en la fuerza laboral  (Chant 1997).

 

Punto de vista de los jóvenes sobre los cambios en los patrones de género y en la organización familiar

 

Al igual que las mujeres, muchos adolescentes y gente joven que participó en este estudio vieron los cambios que se dan en género y vida familiar como buenos (ver Cuadro 1). Si bien esto aplica más a las jóvenes participantes, una proporción apreciable de muchachos parecen aceptar la idea de que las mujeres tengan trabajo y profesión. Cuando un adolescente en un grupo mixto entre 15 y 20 años de bajos ingresos de Villarreal dijo en broma que las mujeres pertenecían al hogar y deberían estar allí cuidando los niños, recibió el calificativo de “machista” por parte de otros muchachos y muchachas del grupo. A la vez, participantes de clase media de un grupo focal de discusión de la carrera de Psicología de la Universidad de Costa Rica, expresaron aprobación a la caída del autoritarismo en la familia. Por ejemplo, René, un joven de 19 años expresó:

 

“…Yo pienso que muchas de las causas que están alterando la familia podría ser el machismo porque se ha... diversificado. O se puede decir que el concepto de lo que es una familia se ha diversificado... muchas personas, no digo siempre los hombres porque hay mujeres que también lo hacen, toman la posesión de esa familia. Entonces, es ahí donde viene naciendo la agresión. Empiezan a decir “bueno, yo me casé con esta mujer, es mía entonces yo le puedo pegar y la puedo mantener en la cocina...”

           

Mientras que los jóvenes piensan que sus familias y la de las próximas generaciones mantendrán probablemente una unidad de padres e hijos, pareciera que habrá aperturas considerables acerca de la formación de los hogares, no importando si las funciones permanecen igual. Como expresa Cinthia,  una estudiante de 20 años:

 

“…El concepto de la familia ha evolucionado considerablemente, y es por tal motivo que considero que, dentro de 20 años, conceptualmente hablando, la familia ya no será la misma. Se podría hablar incluso de un núcleo familiar constituido sólo por hermanos, o simplemente individuos con una convivencia mutua para de esta  manera hacerle frente a una sociedad cada vez más dominada por los intereses económicos. Si bien el concepto tiende a cambiar, la funcionabilidad puede no verse afectada de manera considerable. La familia seguirá siendo el ente de socialización primario, por medio del cual los individuos obtendrán los conocimientos básicos para insertarse en un ambiente social específico…”

 

Como expresó otra joven, Sonia,  de 20 años del mismo grupo :

 

“…A mi me parece que este concepto de familia es una cuestión que cada una de las personas construye, alrededor de su propia vivencia dentro de una familia, cualquiera que sea, y que pueden existir tantas definiciones de familia como personas y características tenga, digamos…”

 

Otra dimensión de esta perspectiva es la idea que los adolescentes valoran más las relaciones de afecto que biológicas. Un adolescente de 16 años, miembro del grupo focal de bajo ingreso de Villarreal, tiene la experiencia de ser abandonado por el padre y crecer en un hogar con el padrastro:

 

“…Bueno, en el caso mío ... yo vivía con mi padrastro y yo siempre me llevé muy bien con él, y desde los ocho años que mi mamá se casó con él, siempre me he llevado muy bien. Y más bien yo pienso a veces que yo lo quiero más que a mi verdadero papá, porque él me dio el amor que nunca tuve de él…”

 

Otro joven de 16 años, de un grupo mixto (hombres y mujeres) de bajo ingreso en Bernabela, expresó que nadie quiere un padre, ya sea biológico o no, que actúe con violencia : “Mejor que se vaya... tan sólo que le pegue a mi mamá, hasta ahí ya !”

Junto a una apertura general a la diversidad en la forma familiar y reconociendo la necesidad de ser flexibles con respecto a las relaciones conyugales, muchos jóvenes declararon preferir las uniones libres que el matrimonio. Entre los jóvenes de bajo ingreso, muchos de los cuales viven con sus padres no casados, existe una percepción negativa hacia el matrimonio, ya que lo ven como restrictivo y potencialmente dañino para los niños, tomando en cuenta que muchas parejas se mantienen juntas porque están unidas legalmente o religiosamente, o lo hacen “por el amor de los hijos” (Chant 1997: Cap. 8). Otra de las razones por las que este grupo rechaza el matrimonio es porque el divorcio es caro económicamente. En la práctica, el matrimonio es común para la clase media, y los adultos de este sector lo defienden como el ideal normativo, pero los jóvenes manifiestan que hay poca diferencia entre relaciones formales e informales, lo que hace que sean más flexibles a diferentes formas de organización familiar. Aunque algunos entrevistados concuerdan en que estos cambios en la familia dan algún sentido de inseguridad, hay además concordancia en que esta fase es positiva. Como dijo una estudiante universitaria de 21 años:

 

“…Los cambios son buenos, siempre y cuando no caigamos en los extremos... Creo que las transformaciones actuales serán para el buen funcionamiento posterior de la familia…”

 

Lo que apoya otra compañera de 21 años :

 

“…Lo que yo veo es que aquí se ha tratado el concepto de crisis como muy negativo, y yo pienso, a mí me parece, que OK, hay transición, hay crisis que es necesaria para hacer cambios, pero que tal vez esa crisis no es que está empeorando la familia, no les está haciendo daño ... La familia era mejor tal vez, eso de que los hijos se rebelan y está empeorándose, pero hay otras en que mejoran la familia. Se está sacando, esa gente que fue, que ha sido por mucho tiempo agredida, y que ahora tiene la posibilidad de hablar... Que tal vez no se va a liberar completamente de la agresión, no vamos a tener la familia perfecta, pero que por lo menos quizás se mejore y a partir de esa crisis, que sería una crisis con una consecuencia positiva…”

 

Existe una tendencia de optimismo con respecto a los cambios de la familia por parte de la nueva generación (particularmente las mujeres) que parece sugerir que el asunto no es de “desintegración familiar”, sino de “mejoramiento de la familia”. Las posibilidades de reorganizar la vida familiar ha traído grandes aperturas, más tolerancia, más equidad y menos abuso. Como dijo otra estudiante universitaria de 21 años:

 

“…Siempre, siempre ha estado la violencia, y siempre han existido niveles de tolerancia y los niveles de desunión familia, solamente que tal vez hay hoy una mayor apertura, porque todo el mundo habla del tema. Yo creo que una familia del siglo pasado no era más completa, ni más unida, ni mejor de lo que son ahora nuestras familias, simplemente  que el contexto no dejaba apuntar ciertas cosas. Por ejemplo a una hija la casaban y la hija no tenía derecho a decir con quién quería casarse,, y ninguna hija podría revelarse, y la señora tampoco podría denunciar el marido, porque le pegaba. Eso no le hacía una familia mejor. Tal vez estaban en un contexto diferente y ciertas cosas no eran valorizadas como “violencia intrafamiliar”, ni “irrespeto”, ni “atropello de los hijos”, ni nada verdad ? Pero tampoco siento que la familia haya sido así como siempre perfecta y que ahora es cuando el caos, y ahora es que ... bueno y que ahora pongámonos a discutir de familia porque la familia es culpable de todo...”

 

A pesar de los cambios positivos mencionados  con respecto a algunos procesos descritos, una de las preocupaciones de los jóvenes es el poco tiempo que se invierte en la vida y relaciones familiares, como comenta un joven de un grupo mixto de bajo ingreso de Villarreal, acerca del futuro de la familia : “…va a faltar más comunicación, porque ambos padres van a trabajar, tal vez en trabajos  diferentes, donde salen cansados y tal vez los hijos hablen con la empleada…”

 

CONCLUSIONES

 

Al tomar en cuenta los puntos de vista de diferentes grupos en Guanacaste con respecto al cambio familiar, no es fácil establecer si las familias en la provincia están al borde de la “desintegración” en un sentido generalizado. Hay obviamente algunas preocupaciones con respecto al cambio de la familia en todos los grupos encuestados (particularmente con respecto a las dificultades de comunicación inter-generacional y la pérdida de valores familiares positivos), pero hay además, puntos de divergencia más acentuados por diferencia de edad y género, experiencia e intereses. Para los hombres mayores, por ejemplo, prevalece un sentido fuerte de “desintegración familiar” basado primariamente en los cambios de los papeles de género que hace más inseguros los propios roles de los hombres dentro de la familia. Sin embargo, entre las mujeres y grupos más jóvenes (especialmente mujeres), las transiciones son vistas como enriquecedoras, que permiten no sólo la continuidad familiar sino también más flexibilidad, equidad, apertura, permisividad y el compartir los roles.  Estas  observaciones marcan la naturaleza subjetiva del concepto “desintegración familiar” y enfatizan la necesidad de usarlo selectivamente, por ejemplo, tomando en cuenta quién está preocupado al respecto y cuáles son sus preocupaciones particulares (Chant 2002b).

   Mientras que la atención a las subjetividades es relevante en la interpretación del cambio de la familia, dos factores sugieren que la familia en Guanacaste tiende a un estado de salud relativa. Una de las cosas, es que a pesar de que las parejas hoy en día están más propensas a separarse que en el pasado, la familia extendida se mantiene fuerte, que es a su vez un mecanismo de apoyo no sólo para las mujeres sino también para los hombres, quienes después de la separación muy a menudo regresan a sus hogares natales (Chant 2000). Segundo, hay un deseo aparente de mantener la familia, definida flexiblemente. Eso se evidencia en las muchas imágenes positivas (sean idealizadas) de la vida familiar que fueron dadas por los encuestados. La mayoría mantuvo que, en principio, algún tipo de familia es parte esencial del desarrollo y bienestar de las personas y debería, idealmente, ofrecer una base de seguridad, apoyo y amor para interactuar con la sociedad.

   Para asegurar que estas visiones positivas de la vida familiar sean convertidas en la práctica en el futuro, es importante que los que estén involucrados en la creación de políticas hagan lo que esté en sus manos para ayudar en este proceso. En este sentido pareciera que las necesidades más notables incluyen la ayuda para manejar el “rol doble” del cuidado y manejo de los niños junto con el trabajo pagado, y el mejoramiento de la comunicación entre jóvenes y adultos. Aunque existen programas de asistencia y/o apoyo, como cuidado de los niños después de clases, junto con guías familiares de “Escuelas de Padres” y el Movimiento Familiar Cristiano, muchos de los entrevistados expresaron sus deseos de recibir más ayuda en estos campos, aún cuando no podían especificar dicha ayuda.

Entre las posibilidades que pueden ser consideradas aquí, una puede ser  optimizar el uso de los recursos parentales de tal manera que no se sobrecargue ningún individuo. Actualmente, una gran parte de la responsabilidad de pasar tiempo con los hijos es asumido por la mujer y pareciera que no hay el suficiente interés de involucrar y estimular al hombre a tener una función más equitativa. A pesar de que el Centro Mujer y Familia llevó a cabo una encuesta en 1996 sobre masculinidad y “paternidad responsable” (CMF 1996 ; Gomáriz 1997) y los hombres han sido incluidos en programas recientes como “Amor Jóven” y “Construyendo Oportunidades” (Lorena Claire,Primera Dama de la República 2001), ambos son más orientados a las mujeres. Esto refleja un patrón más generalizado por América Latina para la mujer de ser la figura principal en las políticas de familia y de género (CEPAL 2001: V20). Además, la reciente Ley de Paternidad Responsable en Costa Rica puede hacer que los hombres prevengan el embarazo, pero no lleva a un compromiso paternal que incluye, junto con la provisión económica, más participación con la paternidad, con el cuidado y atención emocional a sus hijos.[19]

En este sentido, tal vez sea deseable seguir algunas de las sugerencias de UNICEF, que propone promover “imágenes positivas y  culturalmente aceptables  de hombres y mujeres que puedan demostrar un balance de roles y de responsabilidades” (UNICEF 1997: 33), nuestra traducción). Si se pudiera hacer más en esa línea, sería entonces ayudar a incrementar el tiempo total de contacto entre padres e hijos. Los beneficios adicionales serían una menor presión sobre las madres y disminuir una crianza discriminatoria por género (UNICEF 1997: 27). El extender las iniciativas para redefinir el rol del hombre dentro de una familia reorganizada puede además ayudar a aliviar los temores actuales del hombre de ser marginado de la vida familiar, y, por consiguiente, disminuir la alienación y hostilidad masculina a las transiciones actuales de la posición de la mujer.[20] Idealmente, se debe dar énfasis a sensibilizar a los jóvenes (hombres y mujeres) acerca de las virtudes de conllevar obligaciones de paternidad de una forma más equitativa.

Es importante reconocer la importancia de facilitar mejores relaciones intra e intergeneracionales, haciendo que el rol de padre sea más participativo. Sin embargo, se debe tomar en cuenta el hecho de que las presiones económicas en los hogares costarricenses no se resuelven enteramente con lo expresado anteriormente. Aunque los grupos de clase media pueden hasta cierto grado solucionar el dilema por medio de contratar “niñeras” o “empleadas domésticas”, para los grupos de bajo ingreso la solución sería incrementar las facilidades para las guarderías o tener programas de actividades para después de la escuela. Estas actividades pueden concebirse en el marco de la familia extendida no como algo separado de ésta. Esto se puede dar hasta cierto grado por medio de extender el modelo de “hogar comunitario” en Costa Rica,[21] para que más niños sean cuidados por gente conocida, como vecinos o parientes. De hecho, dado que muchos niños ya pasan tiempo con parientes de sangre o con parientes de otro tipo como padastros, y que sienten que es más importante la calidad de las relaciones en vez de quien proporciona el cuidado, pues es posiblemente un pequeño paso de promover la noción de que el cultivo de intimidad y confianza con otros puede ser un complemento muy importante al contacto con los padres (ver también abajo).[22]

 También se podría pensar en crear servicios pagados de ‘cuidado dentro de las comunidades’ que incluya hacer las compras o preparar la comida para padres que carecen del tiempo para cumplir con todas sus responsabilidades. Dado que es importante no sólo la cantidad, sino la calidad de tiempo que los padres pasan con sus hijos, también  se puede pensar en entrenar a las personas mayores con las nuevas tecnologías. Esto no solamente podría abrir senderos hacia mejor  comunicación con las generaciones más jóvenes, sino que también podrían abrir oportunidades de trabajo para los padres mismos. Los empleadores deben a su vez reconocer el valor que tienen los padres de familia que trabajan y la experiencia en “administración” que ellos traen del hogar. Como ha argumentado Elson (1999), los empleadores tienden a concebir el trabajo no remunerado del cuidado familiar como ‘costos’ en vez de ‘beneficios’, aunque las habilidades que derivan los padres de sus roles paternales y de ‘manejo del hogar’ pueden ser positivas (Elson 1999: 612).  En breve:

 

“ ...la economía reproductiva produce beneficios para la economía productiva, que son ‘externalidades’ no reflejadas en los precios del mercado ni en los sueldos. Una manera de reducir ‘los costos’ a los empleadores de los pagos de baja por maternidad y paternidad, serían de financiarlos por medio de los impuestos generales en lugar de los fondos de la empresa individual…” (Elson 1999: 622).

 

Finalmente, se puede plantear que muchas de las sugerencias para la política social puedan funcionar mejor si las conceptualizaciones de “la familia” se ampliaran.  Por un lado, el apoyo proporcionado por el Estado costarricense al “hogar alternativo” constituye un paso importante hacia trabajar con la diversidad que ya existe en el país.  Pero a la vez, esto puede ser interpretado como una respuesta práctica a aliviar la pobreza en lugar de un aprobación positiva de la pluralidad familiar, especialmente dado el hecho de que se ha enfatizado varias veces que el estado no tiene ningún deseo de proveer “incentivos perversos” para la formación de los hogares encabezados por mujeres. Como dice Isabel Vega (Vega 1987, citado en Moreno 1994: 40), aunque en lo retórico, hay aceptación de la diversidad familiar, el término cotidiano de “la familia” se refiere a una institución uniforme que consiste en una pareja casada monogámica con responsabilidades distintas en función del género (Güendel y González 1998: 19-20).[23]

De acuerdo con la CEPAL, existe en América Latina una separación grande entre los discursos tradicionales y las nuevas prácticas de vida familiar. En cuanto se siga adheridos a ideas del pasado, se continuará desalentando la legitimidad de otros tipos de organización de hogares y se seguirán presentando barreras a las estrategias más generalizadas para ayudar a que las personas manejen la creciente naturaleza compleja de sus vidas domésticas y de trabajo.

Se debe considerar los argumentos avanzados por grupos feministas en Costa Rica que dicen que los hogares patriarcales pueden incrementar la vulnerabilidad de la mujer y los hijos (GAPMC 1997). Esto debe ser acompañado por un reconocimiento más amplio de que las familias no son sinónimo de los hogares, y donde las relaciones de parentesco permanecen fuertes, esto puede asistir a compensar la fragilidad de las unidades de hogar individuales –como se evidencian por la continuidad de las redes de apoyo familiar en Guanacaste-.  Además, se debe apreciar más la calidad de las relaciones sociales íntimas que seguir adherido a una forma familiar normativa.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

 

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NOTAS


[1] Las entrevistas y grupos focales de discusión fueron conducidos por los autores entre julio y septiembre de 1999, bajo el auspicio del proyecto titulado “Juventud, Género y Crisis Familiar en Costa Rica”. La investigación fue posible gracias a una beca a Sylvia Chant por parte de la Nuffield Foundation (Asignación N°. SGS/LB/0223) a la cual se la agradece. Nos gustaría además agradecer a los miembros de nuestro equipo: Sonia Alvarado, Emma Hernández, Juan José Morales y Lisette Ondoy por el trabajo arduo de transcripción.  Gracias también a Alessandro Angelini por su revisión de la última versión de este artículo.  Además de extraer considerablemente del documento escrito por Chant (2002c), el  artículo también utiliza trabajo de encuestas realizado por Chant para otros dos proyectos: 1)  “Perspectivas Institucionales del Cambio Familiar en Costa Rica”, llevado a cabo entre marzo y abril de 1999, financiado por el Central Research Fund y el London School of Economics, y 2)  “Hombres, Hogares y Pobreza en Costa Rica” llevado a cabo entre julio y septiembre  de 1997, cofinanciado por la Nuffield Foundation (Asignación N°.SOC/100[1554]), y el Economic and Social Research Council  (Asignación N°.R000222205).

[2] La historiadora Eugenia Rodríguez (1999) asegura que la familia nuclear únicamente se convirtió en un concepto normativo poderoso con el ascenso del liberalismo en Costa Rica en los siglos XIX y XX, aunque el matrimonio católico se introdujo por primera vez a mediados del siglo XVIII y a principio del XIX en el Valle Central. Además, la diversidad en la estructura familiar parece haber sido común a través de la historia, no sólo en Costa Rica (ver Gudmundson 1986), sino también en otras partes de América Central y Sudamérica (Cicerchia 1997; Dore 1997; Kuznesof 1980).

[3] La incidencia de hijos fuera del matrimonio se concentra principalmente en grupos de jóvenes, con un 74.8% en 1996 del total de mujeres que tenían 29 años o menos edad (DGEC 1997: 25). Esto junto con otra evidencia dada en este artículo, apoya la observación de un progresivo debilitamiento de la maternidad basada en el  matrimonio.       

[4] Mientras que las jefas de hogar eran sólo el 20.1% de los hogares pobres en 1986, en 1995 representaron el 27% (Trejos y Montiel 1999:10).  En el 2000 representaron el 30% de los hogares en condición de pobreza (INEC 2001: Cuadro 31).

[5] Esta información fue suministrada gentilmente por María Leitón de la entidad coordinadora, IMAS.

[6] Esta información se deriva de la encuesta de opinión realizada por Borge y Asociados en 1999 para determinar los grados de satisfacción con el gobierno actual y las posibles preferencias del voto para las elecciones del 2002. Resultados publicados en el periódico Al Día, el 2 de setiembre de 1999, revelaron que el 25% de los encuestados consideraron que el problema mayor de Costa Rica era el costo de la vida, el 19% la situación económica del país, 16.4% la delincuencia, 10.2% la corrupción, 7.2% el desempleo, 6.8% las drogas, 6.6% la pobreza, y el 2.4% el gobierno.

[7] El Movimiento Familiar Cristiano (MFC) de América Latina se originó en Argentina en 1948, se inició en Costa Rica con un pequeño grupo en 1958, y se convirtió en un movimiento regional consolidado en 1960 (Rodríguez Chávez 1999). Los objetivos del Movimiento son  promover “valores humanos y cristianos en la familia y la comunidad”, además de proveer asistencia a las familias (MFC, 1997). Estos servicios incluyen  programas para fortalecer el matrimonio y ayudar a las personas a llevar una “vida familiar cristiana”, tales como cursos pre-nupciales, grupos de apoyo, convivios matrimoniales, semanas de “integración familiar”, y un servicio de consejería matrimonial (ver también Napolitano 1998 para una discusión del MFC en México).

[8] En el contexto de la investigación sobre madres solteras en Costa Rica y el incremento de nacimientos no reconocidos  por los padres, Budowski (2000b) observa que la iglesia Católica ha sido más franca acerca de estas tendencias que cualquier otro grupo en el país, considerándolas como el resultado de la conducta “pecaminosa”, y como un gran amenaza al orden moral y social. De hecho,  la Iglesia retiró su apoyo al programa “Amor Joven”, programa del gobierno de Rodríguez que promovía la conciencia sexual y la prevención del embarazo en adolescentes, ya que el material educativo fue considerado demasiado explícito (La Nación, 24 de diciembre:5 A).

[9] En los últimos años las iglesias protestantes en la tradición evangélica han ido creciendo en número y seguidores en Costa Rica. En Guanacaste hay nueve iglesias incluyendo la Iglesia Bíblica Emmanuel, Asambleas de Dios, Iglesia de Dios, y el Movimiento Misionero Mundial. Los intentos para salvaguardar la unión familiar y su bienestar han incluido actividades para generar ingresos para las mujeres, y esfuerzos para reducir el alcoholismo en los hombres (Entrevista con José Blas Díaz Castillo, Iglesia Bíblica Emmanuel, Liberia, 14/ 9/ 1999).

[10] Ver  para América Latina en general: CEPAL 2001. El estudio “Depresión en Jóvenes” fue conducido por la Universidad de Costa Rica, la Organización Panamericana de la Salud, el Ministerio de Salud y el Instituto de Seguridad Social de Costa Rica.  Un comentario sobre el estudio fue publicado en: La Nación, 22/ 9/ 1999: 8 A.

[11] De acuerdo al censo 2000, un total de 28.23% de personas nacidas en Guanacaste residían en otras provincias de Costa Rica en ese año, este porcentaje es más alto que en otras provincias, a excepción de Heredia (INEC 2001: 12, Cuadro 10).

[12] Klak anota que para Mesoamérica en general la influencia de los medios del norte se han incrementado desde el principio de la restructuración económica  neoliberal (Klak 1995: 111).

[13] Un argumento similar se plantea en el texto de uso común en escuelas y colegios del país: Orientación Educativa. Se anota que la estructura familiar en el pasado era más estable, con frecuencia unida a un espacio geográfico particular en la cual todos los miembros trabajaban para subsistir. El autor Pereira (1998) escribe que la familia, la escuela, la comunidad y la Iglesia servían como marco de referencia y daban seguridad a los miembros (Pereira 1998: 45). Hoy en día, sin embargo, Pereira argumenta que las condiciones de vida están cambiando constantemente, especialmente en las zonas urbanas donde las personas se enfrentan a la incertidumbre socioeconómica, fuerzas de mercado, contaminación ambiental, inseguridad personal, y un paso acelerado de la vida que amenaza el bienestar físico y mental (Pereira 1998; UNICEF 1997: 23).

[14] En un estudio nacional realizado por el Instituto de Investigaciones Psicológicas de la U.C.R., citado en la penúltima sección, el 54,1% de la muestra sentía que había igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres en Costa Rica. Esto lo creían así más hombres que mujeres (Dobles 1998: 36).

[15] Esto también fue registrado en Perú por Fuller (2000), aunque ella argumenta que: “…entre los hombres del sector popular, esta crisis afecta su autoestima y puede llevarles a tener dudas en relación a su capacidad de llenar sus expectativas como hombres, pero no los lleva a cuestionar la definición hegemónica de masculinidad, ya que ésta es una de las pocas maneras en que ellos acumulan prestigio social…” (Fuller 2000: 109).

[16] En relación con su investigación McCallum (1999) en Salvador de Bahía, Brasil,  anota que: “…en el lenguaje local sobre las costumbres sexuales y paternidad, el tema dominante es el carácter “liberal” y “decadente” de la edad moderna. Modernidad es vinculado con una pérdida de control sobre la sexualidad femenina y reproducción…”  McCallum argumenta además que la  pérdida de restringimiento y respeto de las mujeres limita la tendencia al cambio (McCalhum 1999: 275).

[17] La referencia de San Quintín simboliza “desastre” y probablemente se deriva de una carcel con una reputación particularmente notoria (comunicación personal de Eugenia Rodríguez).

[18] Los Laureles es un antiguo y muy conocido burdel en las afueras de Santa Cruz, cantón al que pertenece la comunidad de 27 de Abril.

[19] La Ley de Paternidad Responsable, aprobada en el 2001, requiere que los hombres que no registren a sus hijos en forma voluntaria, se hagan una prueba obligatoria de ADN en la Caja Costarricense del Seguro Social. Si el resultado es positivo, deben de pagar no sólo una pensión alimenticia, sino que deben contribuir con los costos de embarazo y parto, pagar los gastos de alimentación de los 12 primeros meses de vida del menor (INAMU 2001).

[20] Como lo expone Salas (1998) en el contexto del proyecto de investigación sobre masculinidad y violencia doméstica con 200 hombres, el hecho de que tantos hombres hayan sido destituidos de su posición de proveedores del sustento diario por los “programas criminales de ajuste económico y estructural” es un factor mayor que perpetúa el desplazamiento del hombre y las consecuencias que esto conlleva, como por ejemplo, la violencia doméstica (Salas 1998: 66).

[21] Los esquemas de hogares comunitarios datan desde la presidencia de Rafael Ángel Calderón (1990-1994), pero realmente tomó fuerzas durante la administración del presidente José María Figueres (1994-1998). Administrado por el Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS) y concentrado principalmente en viviendas para familias de bajo ingreso, las mujeres que manejan “hogares comunitarios” se les da capacitación en el cuidado de niños y se les paga un pequeño subsidio por parte del Estado por cuidar los niños de otras personas de la comunidad. Las personas que utilizan este servicio pagan lo que pueden como gesto simbólico, y las madres solas son a las que técnicamente se les da prioridad (Sancho 1995).

[22] Ver CEPAL (2001) y Chant (2002a) sobre el tema del crecimiento de las familias mixtas o reconstituidas en Costa Rica y en otras parte de América Latina.

[23] Esto se expone en una serie de encuestas de opinión y cuestionamientos recientes. Por ejemplo, una encuesta realizada por el Centro para la Mujer y Famlia en 1997 reveló que el 73% de los hombres y el 75% de las mujeres sentían que los hombres debían mantener el hogar,  y el 75,4% y el 78,2% de hombres y mujeres respectivamente enfatizaron que las responsabilidades principales de la mujer debían ser el hogar y la familia (PEN 1998: 44). Esto concuerda con una encuesta realizada en los noventa que indicaba que tres de cada cuatro personas en el país tendían a favorecer la relación de familia nuclear que tenía al hombre como proveedor y la mujer como ama de casa, como el tipo de familia más apropiado para criar a los hijos (Fernández 1992; Budowski 2000a; Muñoz 1997).